“¿Qué es una violación, mami?” Se enciende una alerta: 19 mil niños son violados al año en la India

Hablar de la cultura de la violación es algo controvertido. Hay algunos que aseguran que no hay tal. Que los violadores son solo una especie de enfermos mentales que se propagan, crecen y se expanden en pequeños grupos por partes indeterminadas de la tierra. Algunos creen que la muerte es la única solución. Que no hay reeducación ni posibilidades de una enseñanza afectiva, sexual y psicológica.

Eso suena aún más controvertido cuando alguien viaja a la India, un país en el que hay más de 39.000 violaciones al año, y de estas, 19.000 tienen a menores de edad como víctimas.

(Foto: The Washington Post)

Las autoridades están de manos atadas, e incluso atemorizadas. Es la cifra más alta que India ha vivido en la historia de su actual forma de gobierno (si las violaciones tuvieron tasas más altas en la anterioridad de la historia de un pueblo milenario es bastante posible, pero llama la atención ahora que es “civilizado” y se rige por reglas modernas). Y esto ha llevado a sus ciudadanos a mantenerse en un constante estado de alerta en una época en la que los linchamientos y las cadenas de WhatsApp que denuncian a los violadores, son pan de cada día.

Las familias con hijos tienen miedo. Según los datos del 2016, casi 40.000 personas fueron violadas (con una fuerte tendencia en las mujeres), y de estos, más de la mitad fueron menores. Aún no se han publicado los índices de abusos del 2017, pero se cree que la tasa de violación a los menores aumentó drástica y dramáticamente. Un 82% aseguran algunos. A pesar de que, para otros eso suena poco realista, 19.000 niños al año ya es un número bastante preocupante, y en un lugar de legislaciones flexibles cuando se trata de adultos que vulneran cuerpos menores, no parece exagerado creer que hayan algunos que se estén “acostumbrando”.

(Foto: The Washington Post)

Para cuidar a sus hijos, los padres prohíben. En la mayoría de los hogares, se traza una línea sobre los permisos y la exposición al exterior: “no juegas en la calle”, “no sales después de las siete”, “no vas solo a la escuela”, “no me importa si estás con otros niños de tu edad. Ellos no te van a proteger”. Las calles, pasajes y parques están desiertos de menores. Los pocos que se ven, son aquellos que están en compañía de un adulto. Algunas personas hablan de una infancia que se ha visto abandonada y ennegrecida por culpa de los abusadores. Tienen razón. La necesidad de cuidarse ha llegado hasta las escuelas.

Ni siquiera cuando familias y autoridades se juntan pueden hacer algo. Renu Bindal, una madre de Nueva Delhi le comenta al Washington Post las macabras y tristes dudas que tiene su hijo: “Mi hijo me pregunta: ‘¿qué es una violación, mami?’ ¿Cómo se supone que responda a esto”. Por supuesto que, a cierta edad, hay una total imposibilidad de explicar algunas dinámicas físicas. Los niños, desprovistos de la malicia y con una noción de la sexualidad que solo se manifiesta en la duda, tampoco podrían llegar a comprenderla sin que esta se les grafique incómodamente.

Muchos menores tienen prohibido abandonar la casa, a menos que sea para ir a la escuela (a la que deben viajar acompañados) (Foto: The Washington Post)

Para las autoridades de Gajipur, a las afueras de Nueva Delhi, intentar legislar y educar a los niños es algo que se les pone igual de difícil. Ellos, los pequeños, teniendo tantas prohibiciones, apenas pueden acceder a información, cursos y protección gubernamental desde la escuela. Por otro lado, cuando se piensa en legislar para aumentar las penas y acabar con la pedofilia, sucede algo estremecedor: es como si los violadores no mirasen hacia un lado. No saben lo que le pasa a aquellos que realizan los mismos actos, pero son descubiertos. Ni los aumentos de las penas en la prisión, la presión gubernamental, social ni la pena de muerte los detienen. Han decidido que centrarse en los niños es la última esperanza.

En las escuelas han comenzado a explicarles a los pequeños cómo debe ser el contacto con los mayores. En una pizarra, la profesora dibuja un monigote con apenas algunas partes del cuerpo que logran distinguirse de las demás: el cabello, los ojos, brazos, piernas y el torso. Este último tiene líneas que delimitan la zona del pecho y del pubis. Una flecha sale de cada uno de estos, también de la boca.

Una profesora explica los límites del cuerpo de cada uno de sus alumnos (Foto: The Washington Post)

Esas son, claramente, las zonas en las que uno debe saber que se traza la línea. Profesoras aseguran que pasarse de ahí es un indicativo de abuso, y puede llegar hasta la tan temida palabra: la violación.

Los niños anotan, pero también se estremecen. Cualquiera tiritaría del miedo si se enterase que el 17 de abril, una niña de 6 años fue violada cuando salió a comprar unas galletas. Una amiga suya la encontró cubierta de sangre en la calle. Un grupo de personas acusó a un hombre que estaba por ahí cerca de haber violado a la menor. Intentaron lincharlo. Pero ni aunque lo hubiesen logrado el problema hubiese parado. El problema, en el fondo, era otro: que la noticia se expande con la velocidad de un virus. Y los otros niños, todos los que comparten el salón en este momento anotando las partes del cuerpo que no deben ser tocadas por nadie más que por sí mismos, saben que a una niña de su edad la tiraron sangrante sobre la tierra dura por haber salido a comprar unas galletas.

Las calles de la India están, prácticamente, desprovistas de niños (Foto: The Washington Post)

Los pequeños, insisten, tienen tanto miedo que a veces sueñan con episodios confusos que ellos identifican como una violación. Chetan Bindal tiene 10 años, y cuenta que tiene un sueño recurrente: su hermano sale de casa a comprar algo y lo secuetran; Natasha, la hermana de 8 años de Chetan, ve sus miedos manifestados en otro lugar: ella ya no quiere ir más al baño por las noches. Piensa que alguien la está esperando. Ella no está lista para eso: para enfrentarse al hombre tras la puerta. Correr. Muchos niños, comenta ella, le preguntan a sus familias si acaso deberían desconfiar de sus amigos, primos, tíos y hasta padres.

Por supuesto, como en todo orden de cosas en relación a la violencia sexual, quienes más sufren las consecuencias de este nefasto fenómeno son las niñas.

Y la duda y la polémica solo crecen y crecen. Se ha dicho mucho: aún más cárcel, más policías, nuevas escuelas para niñas. Matar. Matarlos a todos. “Si cuelgan a uno, cien mil se curarán” asegura el líder  comunitario Ishwar Chandgarg. Pero afuera, la cosa es distinta, y el miedo a los abusadores hace que los hogares se sacudan por dentro.

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN: http://www.upsocl.com/mundo/que-es-una-violacion-mami-se-enciende-una-alerta-19-mil-ninos-son-violados-al-ano-en-la-india/

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